No hay mal que por bien no venga

Las tan solicitadas y bienvenidas lluvias nos ha dejado su legado: un goterón en el medio del techo del dormitorio. Y humedades en las paredes. Una semana de trabajo que implicó vaciar el dormitorio, picar la pared para luego revestirla, pintar las manchas… Queríamos conservar el estilo rústico de la casa, así que decidimos revestir la pared con atoba, una especie de ladrillos planos de masa de arcilla sin cocer. Aparte de adaptarse muy bien a las condiciones climatológicas del lugar, le daba un aire diferente a la estancia.
La sorpresa fue, al picar el revestido blanco, encontrarnos con el muro en carne viva. Piedra, barro, piedra, el principio de construcción en su más precaria -y funcional- evidencia. Así se hacían las cosas antiguamente, con los materiales que se tenía a mano. Y así han durado más de cien años en pie, en diaria lucha contra los elementos: lluvias, viento y sal.
No pudimos hacer otra cosa que conservar las paredes así, desnudas, a corazón abierto, mostrando su basta belleza.

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