Un spa al aire libre

Macrohoteles con inmensas piscinas, talasoterapia, baños de musgo? Nada, nada… tenemos el spa justo aquí enfrente, y al aire libre. Un océano de aguas limpias, ricas en minerales y un aire marino cargado de micropartículas beneficiosas ayuda a cargar las pilas y aportar bienestar, tanto para la mente como para el cuerpo.

El agua de mar contiene elementos presentes en nuestro organismo, además de vitaminas y microorganismos que liberan sustancias antimicrobianas y hormonales. Al parecer, todos los seres vivos procedemos del mar, por eso la piel humana tiene la capacidad de absorber todas esas sustancias y beneficiarse de ellas. Mejoras en problemas cutáneos como el acné, la dermatitis y hasta las heridas se han observado con los baños de mar. A su vez, el masaje que realizan las olas potencia esa absorción y ejerce un efecto drenante, que ayuda a eliminar toxinas, además de relajante. Sumergirse en el agua durante quince o veinte minutos es el tiempo necesario para que la piel absorba los elementos beneficiosos presentes en el agua de mar. Las olas son una buena fuente de masaje. Al salir, dejar que la piel se seque al aire antes de ducharse y aplicar la crema solar.

La brisa marina está cargada de iones negativos, de efectos detoxificantes y relajantes y repleta de sales minerales; es un spray benéfico para el sistema respiratorio y la piel, a la que nutre e hidrata en profundidad. No hace falta agotarse, caminar por la orilla al menos media hora al día, dar paseos junto al mar a una velocidad que acelere un poco el ritmo cardiaco, pero que permita mantener una conversación mínima es suficiente. Se trata de que esa brisa beneficiosa penetre bien en los pulmones.

Personas provenientes de sitios con pocas horas de sol al día y al año son propensos a tener niveles bajos de vitamina D en el organismo. Nuestro organismo produce vitamina D de forma natural cuando exponemos la piel a los rayos UV del sol. La vitamina D es necesaria para absorber el calcio y prevenir la osteoporosis, por ejemplo. Investigaciones demuestran que buenos niveles de vitamina D previenen enfermedades como la esclerosis múltiple, la hipertensión, dolores musculares y hasta tumores de mama… La luz solar, además, estimula la secreción de endorfinas, las sustancias responsables de las sensaciones de bienestar y relajación.
El Premio Nobel Michael Holick, que estableció el papel de la vitamina D en el organismo, recomienda tomar unos 20 minutos de sol sin protección y luego protegerse debidamente con cremas solares y poniéndose a la sombra. Justo ese tiempo de exposición se asocia a mejor salud, tanto mental como física.

Sumado a esos cuatro elementos, el sonido del mar y el propio movimiento del agua favorecen el estado de relajación.
La naturaleza es sabia y nos ofrece un mar de elementos beneficiosos para nuestra salud, mental y física. Y es una suerte tenerlos justo enfrente, al aire libre.

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